LA AMISTAD EN TIEMPOS DE PANDEMIA

CRÓNICAS DE LA CUARENTENA

De la fiesta zarpada, pasando por el abrazo virtual y llegando a este brindis con protocolos, la amistad se viene tergiversando con los años, pero como un grito de desahogo pide reafirmarse en el encuentro. ¿Qué más decir de este invento argentino que conmemora nuestro contacto con la Luna que no se haya dicho antes? Solo soñar los días que vendrán y valorar a aquellos amigos que estuvieron presentes en los días más oscuros. La amistad es todo lo que está bien cuando desconocemos lo que vendrá. Celebrarla es una obligación y debería ser feriado.

Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

El año pasado, en el peor momento del encierro pandémico y con muchísimas pero muchísimas menos muertes y casos de covid que ahora, la amistad era un gran chat en Zoom, un brindis a la distancia, lágrimas en el teclado, algunos pensando en ese amigo que no ven, en esa amistad que no se celebra de frente y otros sintiendo cómo pierden ese día único con permiso para salir con los chicos, escabiarse, comer a reventar y reírse hasta que la panza explota de dolor. Algunos le sumaban alguna recorrida de bares y la ciudad parecía tomada por los amigos que andaban de un lado al otro entonados y felices, llorando de escabio y alegría. No sé cómo será en el resto del mundo, pero que acá la amistad es sagrada, no queda ninguna duda.

Hoy el Día del Amigo es incierto sobre todo. Primero atentos a las restricciones que pueda llegar a haber, tipo número de fases, permitidos por mesas, horarios para ir a dormir, cantidad de comensales por bar y todo eso, por lo que los grupos de amigos deben armar un fixture este martes. Una celebración que coincide con la llegada del hombre a la Luna y de ahí a que un argentino creativo le pareció que era el mejor motivo para festejar la amistad. Hay que ver si llegamos a Marte qué celebración podemos armar también.

A jederla

Igualmente y en la cabeza de todos está más que presente el festejo desorbitado del sábado 10 de julio, que abarcó a todo el país hasta altas horas con la consagración histórica del seleccionado argentino en la Copa América contra Brasil, en Brasil (decime qué se siente). En ese momento, el país se olvidó de la pandemia y hubo muchedumbres por todos lados. Esperemos que las consecuencias no las vivamos en los próximos días. Pero amén de esto, será difícil evitar que los amigos no quieran juntarse en este día especial y jederla como si no pasara nada de nada (como el sábado anterior, bah) que a diferencia del año pasado, si hay una terrible cantidad de casos y muertos por la covid, pero que ya sea por cansancio o resignación, muy poca gente elige cuidarse y quedarse en casa solo. Salvo que hayan sido un pésimo amigo o un tipo huraño y mal llevado, que reniega de esas cosas llamadas amistad.

De una u otra manera, juntarse con amigos es uno de los pocos guiños que la vida nos da al corazón, uno de los escasos recreos existenciales que nos hacen sentir menos solos en el infinito, que de alguna manera nos dicen que sea lo que sea esta vida, los avatares que nos pueda demandar sobrevivir a lo que pueda pasar en este incierto y desordenado país, tenemos alguien con quien contar. Algunos tendrán uno o dos, otros diez, otros cantan un millón, algunos le dicen seguidores, pero en el rango que sea, como lo sienta cada uno de los que lo viven, la amistad tiene códigos que nos ensanchan. Decir ese es mi amigo, o soy amigo de tal o cual es un carnet que sacamos cuando hace falta y sabemos que del otro lado el amigo responde. “Si vas a tal lugar, decile que sos mi amigo y te van a ayudar” es como una extensión de uno mismo actuando cuasi virtualmente, y si el amigo es amigo, va a querer hacerte quedar de la mejor manera.

Amigo del hombro al cual llorar cuando los sentimientos se desbordan, el del consejo, el de los debates hasta que sale el sol y se calienta la birra, el compañero del aguante en las horas perdidas. El gamba para encarar cualquier locura, el que se ríe y te banca, el que cuando se pudre está ahí y si la pudre él uno sabe cuidarlo y resguardarlo.

Si el desafío es bajarse una botella en honor a la amistad, se encara con ganas, y si no también, porque a un amigo se le banca todo.

Nacemos solos en esta roca colgada de un universo extraño y oscuro, que se antoja frío y silencioso. Somos un minúsculo ser lleno de sentimientos encontrados, de incógnitas sin respuestas, entonces saber que hay otro como uno, en la misma situación de desconocimiento, pero que nos hace el aguante y podemos contarlo para encarar lo que sea, ¿cómo carajo no lo vamos a celebrar? ¡Dame un feriado, Alberto!

A cuidarse, amigos, porque el covid no es joda, pero a saludar a esos que hacen de este mundo un lugar un poco mejor.