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San Nicolás de los Arroyos
jueves, 30 junio, 2022

Edición N° 4095

“LA DIVINA MISERICORDIA”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 24, 1-12)

Por el obispo +Hugo Norberto Santiago



   “Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ‘¡La paz esté con ustedes!’. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ‘¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes’. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió; ‘Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan’. Tomás, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: ‘¡Hemos visto al Señor!’ Él les respondió: ‘Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré’. Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas se puso en medio de ellos y les dijo: ‘¡La paz esté con ustedes!’ Luego dijo a Tomás: ‘Trae aquí tu dedo; aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe’ Tomás respondió: ‘Señor mío y Dios mío’. Jesús le dijo: ‘Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto! Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor



Dios es misericordioso

    En este segundo domingo de Pascua celebramos a Jesús misericordioso, que tiene paciencia con Tomás que no cree y les da a los Apóstoles el Espíritu Santo para que perdonen los pecados. Tomás, al no creer que Jesús había resucitado y estaba vivo nos hizo un gran servicio a todos, porque la mayoría de nosotros somos como él, si no vemos, no creemos. Tomás dice: “Si no meto mis dedos en las llagas y no pongo mi mano en la herida de su costado, no creeré”, y Jesús misericordioso le da con el gusto; se aparece de nuevo y lo invita a poner los dedos en sus llagas. Ante esta aparición Tomás cree en Jesús es el Hijo de Dios vivo y recibe su enseñanza: “Felices los que creen sin ver”. La misericordia es paciencia, comprensión, amplitud en las relaciones humanas, significa saber perdonar como nos gusta que nos perdonen, empatía que sabe ponerse en el lugar del otro, sobre todo cuando sufre, pero también para compartir su alegría, un cumpleaños, un aniversario. La misericordia es típica de las personas maduras, de los “expropiados de sí mismos” que perciben la vida de quienes los rodean y saben acompañar. 



La misericordia sana, promociona y permite el acceso a la paz

      El Espíritu Santo en nuestro corazón nos inspira los gestos de Jesús misericordioso: sana nuestras heridas y podemos perdonar a quien nos había ofendido; en otra oportunidad nos hace sentir compasión por los niños vulnerables y damos nuestro tiempo en un merendero; en otra ocasión pedimos al sacerdote que visita a los encarcelados que nos permita acompañarlo. De ese modo, Jesús vivo continúa su obra de perdón y misericordia a través de nosotros y eso nos hace felices. Quienes tienen la dicha de creer en Jesús reproducen sus gestos, porque Él, vivo y presente en su corazón, los inspira y los invita a continuar sus sentimientos de comprensión y misericordia cuando les dice: “Sean misericordiosos como el Padre del cielo es misericordioso”. Como la convivencia en este mundo es entre gente imperfecta, falible, la misericordia es como el aceite que hace posible que los vínculos continúen, no obstante los desafíos de la relación humana, porque da una amplia comprensión del otro y porque está alimentada por la convicción de que lo que “rescata” a la persona es que se sienta amada más allá de todo, sin condiciones, así como es, eso la hace superarse y mejorar. Por eso, la Divina Misericordia sensibilizada en nuestros sentimientos y gestos sana, promociona y consigue el regalo más grande que nos ha dejado Jesús Resucitado: la paz en nuestro corazón y en las relaciones humanas con quienes nos rodean. 

¡Buen domingo!

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