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San Nicolás de los Arroyos
lunes, 15 agosto, 2022

Edición N° 4140

LO QUE LA GENTE QUIERE ESCUCHAR

CRÓNICAS DE LA TIERRA MEDIA

Consumidores de lo rápido, lo liviano, lo resumido, pagando para que piensen por nosotros, para que las preocupaciones parezcan muchas y se resuman a temas de agenda digitados vaya a saber dónde, el público debate a un periodismo que se cuestiona en esta era de multiple choice entre ser delivery de noticias acortadas o analista tedioso y sin seguidores.

German Rodríguez
redaccion@diarioelnorte.com.ar



Pasó el Día del Periodista y no es que nos queden muchas preguntas, pero a veces da para reflexionar cómo es el periodismo posmoderno, qué mueve los sentidos de informarse de la gente y en qué cree el público. Siempre la premisa fue la búsqueda de la objetividad obviando la subjetividad propia de cada ser humano, ese universo afectado por millones de factores que determinan decisiones y gustos de maneras azarosas. Se hace la pregunta por la verdad por supuesto y como cada verdad depende del punto de vista de quien la quiera reflejar, ese color del prisma con que se mira la vida, el ángulo, las variantes, la historia de cada uno que hace que la verdad sea tan relativa, tan versionada, y como decía Nietzsche, que la verdad es la mentira más aceptada.

Pero hoy el interés del público, lo que conmueve de alguna manera, es la inmediatez, lo rápido, lo light, lo que se puede pasar de página moviendo un dedo instintivamente. Hoy la información llega a caudales, de distintas maneras, con sus resúmenes que explican todo y no explican nada. Entonces queremos la versión sencilla de todo, que nos digan directamente de qué se trata y pasar a otra cosa. Las modas son voraces donde hechos impresionantes, que sacuden y afectan al mundo como la guerra de Rusia y Ucrania, que nos toca con el faltante de combustibles, ya casi la olvidamos y no es noticia en ningún lado, porque el interés de la gente se perdió y solo los que se interesan deben buscar para aprender más, pero por cuenta propia. La velocidad mediática nos arrastra y nos lleva a otro problema, a otra historia que pasa volando, a otra problemática creada para distraernos en momentos. 



Veloces

El celular, Internet, las redes sociales son un mundo rápido, voraz, sanguinario, se destruyen vidas con un cliqueo y todo pasa, nadie se detiene a reflexionar nada, no hay análisis minucioso de la era en que vivimos llamada posmodernidad pero que tal vez esté por otro lado. No hay reflexiones filosóficas, opiniones que desmenucen por dónde va nuestra cabeza en este tiempo. La pregunta por quiénes somos se traduce en imágenes y posturas de Instagram. Hoy sin quererlo nos convertimos en un producto del consumo, vendemos una imagen, nos repartimos en historias que nos contamos, que solo nosotros imaginamos, que pasan fugaces a los ojos de quien quiera verlas y nos exponemos a la opinión de cualquiera, porque el ser, la existencia, la pertenencia pasa por lo que sucede en ese pequeño aparato. La gente vive a través de los celulares y por supuesto se informa a través de ellos. Las noticias son resúmenes que dan un corte muy escueto de la realidad, pero que forman una definición de lo que pasa. Tiempos rápidos, livianos, consumistas. Presos de las decisiones de magnates de los medios que deciden cuál es el tema de charla de la semana, sobre qué vamos a debatir, qué discutiremos con nuestro vecino, qué nos darán en bandeja para la charla mundial, para no pensar, para al otro día cambiarla por otro tema consumible. Hace rato que ya no pensamos porque para eso pagamos, para darle la facultad a otro de hacerlo por nosotros, nos dan el resumen y se ocupan de lo macro, somos productos, consumidores, números de tarjeta, cuentas que acumulan y nos dan lo que queremos, que nos distraigan, que nos saquen del fastidio, del aburrimiento. Entienden el concepto de Schopenhauer sobre la existencia, que con mucho pesimismo dijo que la vida trascurre entre el dolor y el tedio. Hoy la información, las noticias, el periodismo sirve de alguna manera a una gran maquinaria inconsciente para distraer, entretener, generar temas de conversación, agendas políticas y así engañar a la muerte, a la crisis existencial y a eso que no queremos preguntarnos de verdad.

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