Por falta de cash, explota el tarjeteo en San Nicolás


El crecimiento del consumo con financiamiento se manifiesta tanto en los productos considerados bienes durables como en indumentaria y alimentos. De acuerdo a lo que indican los comerciantes, la mayoría opta por 18 cuotas.


Guillermo Insúa
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

La caída del consumo minorista no se detiene desde 2017. Ese es el primer parámetro a tener en cuenta al momento de analizar el escenario delicado que atraviesa el sector comercial y que se manifiesta explícitamente en la fabulosa cantidad de locales en alquiler que se ofrecen en la zona céntrica.
Esa es la película. Ahora bien, también hay una foto: los últimos dos meses mejoró la cantidad de unidades vendidas aunque ello no representa una sustancial mejora en la rentabilidad.
En el diálogo con los comerciantes se revela que el mayor movimiento de ventas coincide con el relanzamiento de los planes de financiación «Ahora 12» y «Ahora 18», una iniciativa que el Gobierno nacional desempolvó poco antes de celebrarse las PASO.
De cualquier modo, estos planes de financiación movieron las agujas de un reloj que estaba virtualmente parado. Y que se reactivó merced al crédito. El caso testigo en nuestra zona es Motomel, una empresa en serias dificultades por la caída del mercado, que durante el mes de julio vendió más unidades a partir de la incorporación del producto en los planes «Ahora 12» y «Ahora 18».
Lo concreto es que la cantidad de operaciones con tarjetas de crédito se multiplicó exponencialmente en las últimas semanas, cuentan comerciantes de diferentes rubros. Ese es otro dato: ya no solo se compra en cuotas aquellos bienes durables de valores elevados como electrodomésticos de línea blanca o muebles sino que cada vez más se tarjetea la compra de indumentaria y alimentos. Incluso, hasta el pago de tarifas de servicios se puede hacer en cuotas con tarjeta de crédito en alguna casa de cobro rápido.
De esa cuestión cuantitativa se desprende otra cualitativa: la mayoría de los consumidores opta por el financiamiento en 18 antes que en 12 cuotas. Claro, ahí el crédito se encarece porque se aplica un interés mayor, de lo contrario el comerciante pierde más rentabilidad.
“A la gente le viene muy bien pagar en 18 cuotas, no así al comerciante. Yo vendo hasta en 12 cuotas, y al que quiere pagar 18 le ofrezco alguna promoción pero en 12”, explica el propietario de un conocido local de venta de indumentaria.
La explicación técnica del boom del tarjeteo hay que buscarla en la pérdida de poder adquisitivo y la falta de cash, aunque los comerciantes lo expresan de manera más contundente: “No hay efectivo. La gente no tiene un mango en el bolsillo”, repiten en el diálogo informal con este redactor.

Los alquileres
La ley de oferta y demanda es el principio básico sobre el que se basa una economía de mercado, ∫en la sociedad capitalista. Este principio refleja la relación que existe entre la demanda de un producto/servicio y la cantidad ofrecida de ese producto/servicio, teniendo en cuenta el precio al que se vende.
Esa tensión que supone la relación de oferta y demanda no puede más que ajustarse al contexto, algo que en San Nicolás ha reconfigurado el esquema de alquiler de locales. La proliferación de comercios vacíos ocasionado por la «sangría» que dejó el cambio de temporada en el rubro indumentaria (el más grande de todo el sector comercial) ha congelado de alguna manera el valor de los alquileres.
“Los propietarios y las inmobiliarias ya no se zarpan tanto como antes. Tuvieron que bajar las pretensiones”, expresa, muy coloquialmente, un comerciante que paga 30.000 pesos por mes en concepto de alquiler de un local ubicado sobre calle Mitre, de unos 50m2.

Haciendo cuentas
Los propietarios de esos inmuebles no tienen más que asumir una menor rentabilidad para no tener la propiedad ociosa y pagar el costo de ello. También se multiplican las mudanzas a locales más pequeños, ergo, más baratos.
En estos días una conocida casa de artículos de regalería importada dejó el amplio salón que alquilaba para mudarse a otro más económico por las dificultades de reunir los 60.000 pesos –cuentan- que debían pagar mensualmente. Si a ese número se le suma el costo de un empleado registrado (unos 40.000 pesos al mes), impuestos, tarifas, gastos corrientes, etc., ese comercio necesitará facturar cientos de miles de pesos por mes, en un contexto como el que se describe más arriba: pérdida de poder adquisitivo y falta de efectivo circulante. Complicado.
Toda crisis económica modifica los hábitos de consumo. Los argentinos tenemos larga experiencia en ello. Las dificultades las sufren los que están de uno y otro lado de la caja registradora de un comercio. Y pegan más fuerte en los que menos recursos tienen para sobrevivir a tal situación.