Nació un nuevo espacio para vivir el arte en San Nicolás


Movilizarte tuvo una vez más la iniciativa, en este 2019, de apostar fuerte con una propuesta innovadora, audaz y con detalles que generan un sinfín de emociones. La inauguración tuvo lugar la semana pasada, con la presentación de las obras de Gustavo Martinelli, de proporciones mayúsculas.

Nació un nuevo espacio que deslumbró la noche del viernes 11 de octubre con el arte de Gustavo Martinelli, en una generosa apertura hacia la comunidad con la propuesta de ligar públicos diversos y entusiastas, amantes del arte, la música y el vino. El nuevo punto de encuentro está ubicado en Savio 1789, la muestra está abierta a todo público durante octubre, con entrada gratuita y se puede ver los días miércoles, jueves y sábado de 18 a 20. Además, reciben proyectos artísticos, porfolios de artistas e ideas creativas, como también voluntarios que quieran participar de lo que será la Bienal de Arte en marzo del 2020. El contacto es vía mail: info@movilizarte.com.ar
Con una sinergia y una energía especial el grupo Movilizarte, hoy una Asociación Civil, en sus primeros pasos formales, vuelve a dejar una huella creativa. Fue un evento muy concurrido, con más de 250 visitantes que quedaron sorprendidos ante más de 50 obras del artista nicoleño. Además, asombró el imponente espacio y el mobiliario, que fue donado por Ternium en el año 2015, se recicló y volvió a tomar vida. “Así los sueños, se convierten en proyectos que se concretan y forman parte de nuestro entorno, de nuestra comunidad y de nuestra vida”, expresaron las organizadoras.

De Andrea Costa
Estética del encuentro
El arte siempre ha sido un estado de encuentro. La obra de Gustavo Martinelli no es ajena a esta afirmación porque en su práctica artística, lo interesante es esencial con respecto a las relaciones con los objetos artísticos y con los sujetos. Martinelli se vale de imágenes de nuestra cultura, en algunos casos casi objetos clichés, y las hace dialogar con otra voz con las imágenes propias. El juego intertextual configura su pintura y es la estrategia para producir significados. Lo interpersonal está en el ejercicio de construcción que lleva a cabo con Gustavo Becchi, quien le propone la serie de retratos de personalidades referentes en su vida. El retrato, género que tiene una larga tradición en la historia del arte, es abordado aquí luego de conversaciones sobre color, técnicas, concepto con el coleccionista. La producción ya no tiene al artista como único creador de la obra, sino que el coleccionista se erige como un actor que se involucra y dinamiza el proceso. Entonces Martinelli reversiona el género pictórico en clave de street art, recurriendo a la pintura en aerosol para los grafittis y los stencils o pegando papeles como se ven en los muros de las ciudades.
La otra experiencia interesante es la que la obra tiene con el espectador al que le impone una distancia corta de 10 o 20 centímetros para que explore lo pequeño, la marca, la pincelada, la escritura que ancla imágenes, el detrás. Este encuentro obra-espectador propicia a su vez el contacto sujeto-sujeto. Estar juntos es vital para comentar, para intercambiar sentidos, pareceres, certezas, emociones porque el arte es esencialmente un acto comunicativo que se da en contextos convencionales o interesados en salirse de ellos, como lo es el que enmarca este acontecimiento.

De María Eugenia Maiztegui
“Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida.” (Antontin Artaud). Ayer por la tarde, después de varias semanas de esperar ansiosamente la llegada del “gran día”, al abrir la puerta, junto a Gustavo y Cris, del nuevo Espacio Movilizarte, me quedé absolutamente asombrada al observar las dimensiones del lugar, recorrerlo, ver la inmensidad de las obras. No había prácticamente nadie; entonces, la visión, casi en silencio, era conmovedora. Pensé, entonces, que si yo sentía eso, no quería imaginar las sensaciones de Gustavo y de los creadores del espacio, y de todos quienes organizaron, lo que finalmente, sería una noche inolvidable. Tener la posibilidad, cámara y celular en mano (soy ansiosa, siempre me gusta tomar algunas fotos con el celular para subir una especie de adelanto a las redes sociales), de transitar los dos pisos, de observar las obras desde arriba, en toda su dimensión, y también desde cerca, descubriendo cada detalle, fue de esos momentos casi íntimos, en que podemos conectarnos con el arte y con nosotros mismos. Es sentir que solamente te alcanza con respirar arte, para llenarte el alma. Y cuando el arte es de un amigo, de un amigo tan inmenso como persona y como artista, lo disfrutas mucho más. Esos instantes en que todavía se estaban gestando los preparativos, mirando hacia atrás, son los que te permiten concluir que hay días y noches mágicas, cuando compartís las expectativas, la ansiedad, los detalles, la música, las copas de vino esperando a los invitados; e incluso, estar presente en una sorpresa preparada para alguien también llamado Gustavo, y quien, justamente, es el ideólogo del lugar, junto a los que lo acompañan. Y de pronto, comenzaron a llegar los amigos, la familia, los amantes del arte…
Lo que sucedió después, todos los que tuvieron la suerte de ir, ya lo saben y lo pudieron experimentar. La verdad, no recuerdo haber visto tanta gente reunida en San Nicolás, en un evento artístico, a excepción de recitales de música. Y eso no se logra fácilmente. Por un lado, creo, tuvo mucho que ver la creación de ese espacio hermoso e imponente; y, por otro, no me canso de decirlo, el deseo de concurrir a admirar y sorprendernos con los colores, los sentimientos, la verdad, la coherencia y, por supuesto, el talento, presente en cada cuadro de Gustavo Martinelli. Alguien, que indaga e investiga, siempre buscando superarse y crecer, en lo que más ama (y acompañado de la persona a quien más ama), que es “simplemente” pintar. Por eso elegí las palabras de Artaud para comenzar a escribir estas líneas; porque no concibo la obra al margen de su vida. Muchos, como yo, anoche volvimos a confirmar, que Gustavo podría estar tranquilamente exponiendo en cualquier lugar del país o del mundo. Pero por suerte (para nosotros), a veces, eso de que “nadie es profeta en su tierra”, en su caso, no se cumple. Porque en el arte, también hay excepciones. Y hay personas y artistas excepcionales, como él, que están vestidos de su propio arte, exteriormente, y más aún, en su yo más íntimo. Por eso, el reconocimiento de todos, no es más que una devolución mínima, a lo que él genera, cuando nos cruzamos con sus murales y sus cuadros.