Literatura de exportación 


Piero De Vicari es uno de los escritores de San Nicolás y la región que más libros le han editado en el exterior. México, Ecuador, Colombia y Chile son los países que han difundido y jerarquizado su obra proyectándola a toda Latinoamérica.


Nacido en nuestra ciudad en 1963, hijo de inmigrantes italianos, profesor de historia y empleado judicial, el escritor Piero De Vicari ha sabido trascender los límites de la ciudad, cruzando no sólo las fronteras de la provincia de Buenos Aires sino también las de nuestro país. Poeta, narrador y ensayista, la obra de Piero De Vicari es, hoy día, reconocida en muchos países latinoamericanos, y su gran momento escritural es valorado por escritores e instituciones reconocidas del continente.Entrevistado por el diario EL NORTE, desgranó en sus respuestas un cúmulo de vivencias y pormenores que revelan el por qué está considerado uno de los más importantes escritores que tiene la ciudad.

-“¿Qué lugar ocupa la literatura en tu vida?”
Piero de Vicari: “Un lugar central. Entendida como expresión y comunicación, me contiene, me relaciona, me ubica temporalmente en mi época y deja que sea testigo –con mi palabra- de ese almanaque polifacético que supone el vivir. Cable a tierra, tabla rasa, conexión con lo esencial… llamale como quieras. Hoy por hoy, es el pulmotor que permite oxigenarme en estos tiempos aciagos.

-¿Cómo se llega a ser escritor?
-“El mero hecho de escribir no te otorga el título de escritor. Tampoco hay una escuela en donde podamos diplomarnos como tales. Llegamos a serlo por una necesidad de expresión y comunicación que canalizamos a través de la literatura. Recuerdo ahora unas palabras de Ernesto Sábato al respecto, que bien pueden completar la respuesta a tu pregunta: “…además del talento o del genio necesitarás de otros atributos espirituales: el coraje para decir tu verdad, la tenacidad para seguir adelante, una curiosa mezcla de fe en lo que tenés que decir y de reiterado descreimiento en tus fuerzas, una combinación de modestia ante los gigantes y de arrogancia ante los imbéciles, una necesidad de afecto y una valentía para estar solo, para rehuir la tentación pero también el peligro de los grupitos, de las galerías de espejos…”.Más allá de eso, entiendo que quienes tratamos de darle a nuestro oficio el profesionalismo que requiere, sabemos que no se trata de jugar a ser escritores, sino de poner nuestra máxima responsabilidad, trabajo y dedicación para sentirnos dignos de esa palabra –hoy tan manoseada- que nos cataloga y define: escritor.

-¿Cómo es tu proceso creativo?
- Lo definiría como azaroso. Las obligaciones a que nos someten las urgencias cotidianas, suelen cercenar el tiempo dedicado a la escritura. No obstante, a las grandes sequías sobrevienen grandes períodos de producción, en donde la poesía y la narrativa ocupan un lugar preferencial. A mano o en la computadora, en cualquier momento del día, siempre encuentro la oportunidad de plasmar una historia, un pensamiento, un poema, un comentario que luego se trasformará en análisis o ensayo de un proyecto más extenso. Posteriormente viene el período de corrección, del llamado “uso de la lima” como pregonaba Jorge Luis Borges. Allí, el diamante en bruto busca su delicado equilibrio, su punto exacto, su rostro definitivo. Todo ripio y grasa textual, quedan afuera para que luzca lo que tiene que ser dicho. El resto lo hace la lectura, esa constante lectura que no sólo nos moldea sino también nos enriquece.

- Dicen que somos productos de nuestras lecturas...
- No tengo dudas de ello. En cualquier escritor podemos observar cuáles han sido (o no) sus influencias y derroteros, cuáles han sido sus escritores de cabecera, cómo le han marcado el camino a seguir para encontrar finalmente ese timbre propio o textura personal que definimos como estilo. Parafraseando al gran poeta peruano Arturo Corcuera, podría decir: soy hijo legítimo de todos los escritores del mundo.

- ¿Cómo llegas a la publicación de un libro?
- Llego luego de un período adecuado de correcciones, de calibrar su coherencia y temática, de tamizar las opiniones de escritores que le han dado un vistazo previo, de estar convencido que lo que se publicará tiene cierto valor y aportará algo -aunque sea minúsculo- a la literatura de mi ciudad, de mi provincia y de mi país. El libro representa la máxima aspiración de un escritor. Lamentablemente esta concepción inveterada se bastardea a menudo con la publicación de libros que sólo persiguen lustrar egos primigenios o resultan un negocio rentable de inescrupulosos que aprovechan para inundar el ambiente de mala literatura. El poeta Alfredo Omar Busch lo decía “es un pecado destruir un árbol para editar libros que solo leerán las abuelas de los autores”.

- ¿Editar en Argentina es lo mismo que editar en el exterior?
- Obviamente que no. Tiene una adrenalina distinta, un plus distinto. Tus hipotéticos lectores serán personas que tienen una mirada diferente, una idiosincrasia diferente, una apreciación cuyo punto de encuentro es el idioma, pero un idioma que se pluraliza en significados, en regionalismos y la obra tiene que hallar su referente en la cultura de quien la lee. La experiencia que he tenido al respecto ha sido maravillosa.

- Contanos de tus publicaciones en tierras latinoamericanas.
- El primer libro editado fuera del país, fue PASAPORTE PARA NAUFRAGOS, en el 2016. Una antología personal que reúne poemas de mis últimos cuatro libros editados. Se publicó en San Luis Potosí, México, a través de la Editorial Velarde. Tuve la oportunidad de presentarlo en San Luis Potosí, en el mega Encuentro Internacional de Poesía Abbapalabra. Traje conmigo también los auspiciosos comentarios que generaron su lectura en el público mexicano.En 2017, se editó en Chile mi primer libro de microficciones SIMBIOSIS DE LA GUILLOTINA, a través de la editorial El español de Shakespeare. Estuve presente en su presentación hecha en Santiago de Chile en la Sociedad de Escritores Chilenos y también pude recoger muy buenos comentarios de su lectura en tierra trasandina.

- Y llegamos al 2019 con dos publicaciones más.
- Así es. El Ángel editor de la ciudad de Quito, Ecuador y El Taller Blanco Ediciones de la ciudad de Bogotá, Colombia, han editado mis libros de poemas y microficciones. Dos experiencias que debo calificar como espectaculares. El poemario NOÉ EN SU ARCA O ROSTROS DE TODOS LOS DILUVIOS, se presentó en Quito en abril de este año, en el Encuentro Internacional de Poetas POESÍA EN PARALELO 0, donde estuve presente. Los comentarios recibidos por lectores y poetas ecuatorianos, han sido muy buenos.El libro editado en Bogotá, MUERTE DEL FILÓSOFO CHINO Y OTROS TEXTOS INSOMNES, lo estoy presentando en diversas ciudades argentinas y sé que se está difundiendo muy bien en tierra colombiana, donde la microficción posee una interesante camada de lectores.

- ¿Cómo llegaste a concretar esas publicaciones?
- Desde hace unos años, he decidido aceptar las invitaciones a encuentros y festivales internacionales de literatura que me han llegado desde el exterior. Esta circunstancia te moviliza a viajar y extender mi literatura a otros países latinoamericanos. Los contactos personales con exponentes de otros países, sumado a la difusión en las redes sociales, ha permitido que mi obra se conozca, se juzgue su calidad y se valore. Todo ello promovió proyectos de edición que han superado mis expectativas. El destino del libro suele ser impredecible, pero cuando te llegan numerosas opiniones de diferentes lectores de Hispanoamérica que han podido hacerse de un libro tuyo editado en el exterior, sentís que no sólo se valora tu escritura sino también que esa misma escritura representa a una ciudad y a un nación, y quieras o no, te transformas en un embajador de su cultura. Gracias a todo eso, hoy la literatura de la ciudad de San Nicolás se conoce fuera de nuestro país, por la trascendencia y jerarquía de muchos de sus escritores.