El fuego en las islas afecta a los humedales de la región 


“Si ésto continua, los daños serán más graves. Muchas especies de aves, sobre todo, comienzan a buscar sitios para hacer sus nidos. Las especies nativas que allí viven lo sufren mucho. Si ésto se prolonga el desastre será mucho mayor. En cuanto a las especies vegetales también hace un daño muy grande”, evaluó el Guardaparque de nuestra ciudad.


El Gobierno de Entre Ríos declaró la emergencia ambiental en la zona de islas del delta del río Paraná ante los crecientes incendios que se registran en la región y que afectan a varias provincias. Ya se registraron más de 8 mil los focos de incendio en lo que va del año. El Congreso inició esta semana, el debate de la ley de humedales sobre las distintas iniciativas presentadas que buscan la conservación ecológica y ambiental de un reservorio vital de biodiversidad. También hubo denuncias de varios Municipios y el Ministerio de Ambiente de la Nación estableció en junio la prohibición de toda quema en la zona hasta fin de año.
EL NORTE consultó al guardaparque Alejandro Martínez Ponte sobre las problemática. “Lo que causa esta situación es una profunda tristeza para quienes queremos a la naturaleza y en particular, este Delta tan extenso y maravilloso, poco valorado y poco conocido por mucha gente. Un millón y medio de hectáreas de un ecosistema único, muy rico en biodiversidad, muy importante para la conservación del agua dulce, un humedal. En cuanto a los efectos si ésto continua, serán más graves. Muchas especies de aves, sobre todo, comienzan a buscar sitios para hacer sus nidos. Las especies nativas que allí viven lo sufren mucho. Si ésto se prolonga el desastre será mucho mayor. En cuanto a las especies vegetales también hace un daño muy grande. La única ventaja que tiene el Delta con respecto a otros ambientes es que la vegetación se recupera rápidamente. El daño más grande es que queman su lugar a las especies nativas”, analizó.

Cambio climático y otras situaciones
Respecto de los incendios, el Guardaparque de nuestra ciudad consideró que hay algunas situaciones que son atípicas. Una de ella es esta sequía extraordinaria. “Recuerdo una de esta magnitud pero menos meses sin agua en 2008, y en los `90. Son naturales pero se agravan desde que el hombre ha acelerado los cambios de la naturaleza con el cambio climático. Hay períodos húmedos y secos que pueden tardar varios años, pero el hombre los ha intensificado, y también en relación a la frecuencia de los mismos. Así, cualquier fuego se puede convertir en un gran incendio”, señaló. “Otra situación por la que se prende fuego en las islas es para cazar carpinchos. Son fuegos chicos pero ahora no se pueden controlar. Y con esta situación de la cuarentena es probable que las islas estén menos controladas que de costumbre. Por otro lado, se suelen quemar pastizales a pequeña escala por productores o gente que tiene animales en la isla desde hace muchos años. Ellos conocen el manejo del fuego. Ahora quizás los que llevan a animales son hombres de negocios y los que manejan no son hombres formados o criados en las islas”, agregó.

Necesidad de manejo racional y sustentable
“Lo llamativo es que es muy raro que en ésta época alguien quiera quemar porque el pasto que se busca que rebrote, no va a hacerlo en invierno y con sequía. Es una solución simplista decir que son los productores los que queman en la isla. En el Parque Rafael de Aguiar las noticias son buenas en el sentido que hubo incendios muy chicos, no hubo prácticamente ninguna quema. Esperemos que todo esto de la quema se termine, y que la parte positiva sea la visualización y la conciencia de un lugar maravilloso y privilegiado al cual no le prestamos la atención que se merece”, sostuvo.
Martínez Ponte reclamó: “Tenemos que demandar a las autoridades que presten especial atención a este tesoro que tenemos entre grandes ciudades: casi un millón y medio hectáreas poco modificadas. Hay que tomar conciencia de que hay que hacer un manejo racional y sustentable. Es algo utópico declarar a todo una gran reserva natural pero es indudable que hay algunas cuestiones que no se pueden permitir en el Delta, como los sembrados intensivos como si fuera la pampa húmeda. Se puede trabajar en apicultura, ganadería a poca escala. Mantener ese `equilibrio inestable` que siempre tuvo la isla entre sus habitantes, y su fauna y flora”.