Músicos callejeros: entre el arte y la magia para vivir 


Son muchas las personas que intervienen en el espacio público con su arte, en esta oportunidad mencionaremos algunos de los músicos que encontramos en las calles céntricas de San Nicolás. Luego de un largo aislamiento no solo han podido volver a trabajar con barbijo y distanciamiento social, sino que además nos alegran los minutos cuando cruzamos por alguna esquina. Las fotografías son del genial Colo Cossy, un artista visual que retrata lo más intangible de la pandemia.


Hace más de cinco meses las calles se quedaron vacías y enmudecieron. Tras este largo tiempo, los artistas callejeros recobraron lentamente su vida particular en algunos municipios antes que otros. Con el escenario público nuevamente en sus manos, los caminantes podemos sonreír unos segundos cuando en el medio de la vorágine cotidiana, escuchamos un saxo, una guitarra o un bandoneón que nos decoran las huellas. Una poesía, un sonido, enhorabuena han vuelto y celebramos que puedan trabajar.

Resuena la magia
La música es vida y emoción. En tiempos de pandemia y humo, el arte no se vuelve necesario, sino imprescindible. Manu Mesías pasa los días ganándose el mango y la calle en estos tiempos raros, tocando el saxo. El gran Simón Busch, ofreciendo sus sonidos tradicionales de bandoneón, tratando de amenizar las mañanas nicoleñas, escribe el Colo Cossy en su cuenta de Facebook publicando un retrato fantástico. Fede Cortés toca la guitarra en alguna esquina. Cuis Malacalza acompaña con su bajo. ¿Se unirán en algún punto elevado estos instrumentos? Quizá sí. Son los sonidos de las calles de San Nicolás, fuera de las bocinas, el humo y los motores. Ciudad que está ávida de arte, grafitis y expresiones que contrasten la urbanización fabril. Román es artista callejero, profesor de pádel y se define como un optimista de la vida. La gente lo conoce como “Rockmantyco”, fue deportista semiprofesional hasta que un día “conocí la guitarra y me enamoré”, afirma. En el 2014 falleció su padre, y a partir de ahí se conectó con su parte espiritual para dedicarse casi a tiempo completo a la música: “Lo que prima son las ganas de transmitir arte, lo hago desde el corazón”. Román viajó por Uruguay y Bolivia, tocando música y ganando dinero para continuar sus rumbos: “Es difícil ser profeta en tu tierra, me resultó más fácil hacerlo en otros lugares, quizás donde no me conocían. Pero bueno… un buen día salí y empecé”.
Rock melódico o música latinoamericana escucha uno cuando se cruza con él: “La cuarentena nos hizo ir hacia adentro para conectarnos al interior de uno, ¿no? Por una necesidad colectiva que yo siento y pienso, ya salí a la calle con mi guitarra para transmitir un poco de paz a la gente de a pie que están atravesando este momento tan difícil tocando música tranquila. Me siento bendecido de tener un techo y comida, lo que hago es por pasión. La magia de estar en la vereda es extraordinaria, apenas te sentás te sentís un poco solo, pero al rato la gente empieza a valorar lo que escucha. Les hacemos pasar un fugaz buen rato, unos minutos agradables, la gorra es una valoración de eso y por suerte mucha gente lo valora”.


FOTOS: Sobrevivir y reanimar el clima (GENTILEZA COLO COSSY).