El efecto de los plaguicidas: Ex trabajadora rural de un campo en Ramallo pide justicia 


El pasado 24 de septiembre, el tribunal de trabajo de San Nicolás dictó una sentencia “polémica” sobre un caso de trabajo no registrado en un campo de Ramallo. La demandante, Emilia Graciela González (63), habría trabajado allí durante más de un año de forma irregular, con el agravante de haber sido “rociada con agroquímicos por un avión fumigador”. Según el informe pericial del médico legista de oficio sufre una “dermatitis crónica por contacto con plaguicidas de acción directa”. Sin embargo, el tribunal comprendido por tres jueces desestimó la demanda.


Manuela Fernández Nessi
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“De acuerdo a lo que se ha descripto con toda claridad en el transcurso del presente trabajo médico, es mi opinión que la señora Emilia Graciela González se halla afectada de una severa secuelas de tipo cutáneo por contaminación con plaguicidas y/o pesticidas de uso agrícola, que fueran administrados por vía de una riego aéreo, de tipo crónico e irreversible”. Así comienza el informe pericial que determinó el médico legista de oficio, Héctor Oscar Espinosa.

El caso
El hecho habría sucedido en el 2010, cuando una avioneta que estaba fumigando el campo donde cultivaban soja y sorgo, volaba aproximadamente a 30 metros de altura, y roció sobre el cuerpo de González el veneno, sin distanciamiento adecuado ni elementos de seguridad.Graciela recuerda: “Estaba trabajando con la motosierra, cortando y desmalezando la tapera porque iban a entrar vacas al corral que estaba en el medio del campo. El avión de fumigar pasaba por arriba mío. El pasto estaba alto, desmalezaba y caía el veneno sobre el pasto. Yo tenía un sombrero y un pañuelo, no me tocó la cara gracias a eso. Pero hasta el codo tenía lastimado por el veneno. El pantalón de hilo fino se rompió y me traspasó a las rodillas y los pies. Me dejo toda la piel en carne viva, muy dolorida”.En el expediente distintos testigos detallan las tareas que habría realizado la trabajadora rural ramallense. “Graciela trabajaba desmalezando en el campo junto a su esposo (fallecido años más tarde). Este manipulaba insecticidas y herbicidas curando árboles para secar y destroncar. Desde mediados del 2009 hasta fines del 2010, ella llegaba temprano, ingresaban a las 06.00 hasta las 20.30 en verano y de 7 a 19 en invierno, excepto cuando llovía que no se trabajaba. Ella desarrollaba tareas de limpieza, cortaba árboles, lo que se hace en las taperas, todo tipo de desmalezamiento”.
Graciela pide justicia, su principal objetivo es que la “afección cutánea sea retribuida, por el mal uso de estos productos”, como también la no provisión del uniforme de trabajo correspondiente para este tipo de labor.“Debo usar diariamente cremas en cada parte de mi piel que se quemó. Cada pote vale 550 pesos, tengo que usar tres potes semanales. Si me dejo de poner, me broto enseguida”, contó a El Norte la mujer afectada.El médico legista indicó además, que “ocasionalmente debe utilizar antibióticos para aliviar el dolor que las lesiones le producen”.En cuanto a su reclamo, afirma que “le pedí al dueño que de alguna manera resolviera mi salud, pagándome el tratamiento médico. Sin embargo, se negó, y negó todo hasta el día de hoy”.

Sentencia
El 24 de septiembre de 2020, el tribunal de trabajo de San Nicolás resolvió que “no existió tal relación de trabajo”, en efecto podría considerar que el hecho no haya sucedió, o bien lo desatendió producto de que la causa estuviera enfocada principalmente desde la relación de trabajo.Los jueces Walter Rubén Quadranti, Nicolás Eduardo Aparisi, y Diógenes Carlos David Toraf, votaron en contra “rechazando íntegramente la demanda”.El Dr. Mateo Ferrari, abogado de Graciela, confió a este medio: “Entendemos que es una resolución equivocada, por eso iremos con el caso a la Corte Suprema de la provincia de Buenos Aires. Yo le creo a mi defendida, es una causa justa que no vamos a abandonar”.Las tareas que consistían en tala de árboles, desgajo, corte de troncos, y posterior acopio, no han sido probados debidamente según el fallo del tribunal.Los predios en los que trabajó Graciela, y también su marido, estaban destinados a la siembra de soja. Los jueces entienden que los trabajos que los denunciantes aseguran haber realizado durante más de un año no sucedieron. En virtud, el accidente de trabajo que marcaría la salud de Graciela hasta el día de hoy y de forma permanente, tampoco.
“Nunca me brindaron ninguna protección de trabajo para mi seguridad, mi marido también fue rociado con ese producto, y padecía EPOC, hubo médicos que nos dijeron que su situación de salud se agravó por el contacto con los agroquímicos”, denunció.

Lesiones
“La Dermatitis Crónica Ocupacional por Contacto con Plaguicida le toma ambos brazos, ambas manos piernas y pies, lo que le ha afectado en su vida cotidiana. Presenta importantes zonas de dermatitis en algunos sectores con áreas erosivas, con solución de continuidad con sectores en cicatrización pero breves ya que se lastiman nuevamente y sangran”, detalló el médico especialista en su informe.“En otro sector como en las pierna se le forman sectores ampulares, que duran varias semanas, se abren y dan origen a las lesiones descriptas anteriormente, para lo que debe aplicarse cremas y emulsiones. Es importante consignar que todos los procesos descriptos se acompañan de intenso prurito enrojecimiento zonal, que se presenta en forma cotidiana, con zonas de descamación cíclica. Es de importancia el daño estético que le ha ocasionado debido al cambio de color de la piel, sus alteraciones ampulares, descamativas y erosivas, lo que hace que la paciente se aislé del medio social debido a que se siente en minusvalía”.

Plaguicidas
La acción de los plaguicidas según la OMS en el 2009, es un “proceso complejo que debe ser efectuado por especialistas. El manejo integrado de plagas plantea alternativas en las que el uso de agroquímicos es sólo una de ellas. La incorporación del control químico ha permitido reducir sustancialmente las pérdidas en los cultivos.Sin embargo, indica que es “importante saber que el uso de estas sustancias químicas implica un riesgo para la salud de diversos sectores de la población. En primer término, para quienes trabajan en la fabricación, manipulación y aplicación de estos productos, y en segundo término, para la comunidad, por el consumo de residuos de plaguicidas en la dieta diaria, por el uso de ellos a nivel del hogar o por la contaminación de las fuentes de agua”.