Desesperado pedido a las maestras jardineras para que no se desubiquen a la hora de confeccionar la “listita” escolar


No hay un mango es hashtag predominante en Argentina modelo 2019. Las fiestas un tanto más pobretonas dejaron sin un penique a la gran mayoría del pueblo albiceleste, que con terror va pensando que en cualquier momento empiezan las clases y hay que empezar a gastar un dinero que casi no existe. Además de la suplica a las maestras para que sean moderadas a la hora de pedir materiales, desde el Gobierno se piensa en un año lectivo austero.


Germán Rodríguez
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Con una inflación que rondó el 50% en todo el 2018 y sueldos que a dura penas llegaron a un 30% de aumento, la canasta escolar, esa que todo el mundo odia en lo más profundo de su ser, sufrió una inflación promedio del 70%. Un elocuente mensaje a la familia de que estudiar es caro, engorroso, innecesario y que el único camino es la precarización laboral o las changas tipo delivery o Uber, como se estila en el primer mundo. Igual aquellos que aún, contra viento y marea, consideran que la educación es la única herramienta de cambio y forma de progresar, piden a las señoritas maestras un poco de piedad a la hora de confeccionar la tan temida listita.
Desde el Gobierno, atentos a que como van las cosas, si siguen en este camino no llegan ni a las elecciones que son este año, emitieron una lista de sanos consejos para confeccionar la lista de materiales escolares. Desde el Gobierno nacional, un allegado al mismísimo Presidente, amigo de asados de Durán Barba, peinador de la gobernadora y aparentemente autor del célebre consejo de Mauricio, de que en invierno también hay que estar abrigados dentro de la casa, que quiere mantener su nombre en el anonimato por si se pudre todo y tiene que volver a sus bases del radicalismo, más precisamente a su puestito humilde en la entrañable y carcomida sede de la UCR en su querida San Nicolás, un local amplio que, por su excelente ubicación y poca concurrencia, aprovechando el nuevo paseo céntrico, podría convertirse tranquilamente en una cervecería con pool y esas cosas, pidió austeridad a las maestras que quieren hacerse ricas a costa del Gobierno. “Es hora de terminarla con las careteadas en la educación. No puede ser que los maestros a esta altura de la vida sigan pidiendo pinceles, témperas, hojas de distintas calidades y medidas, que número 3 y 6, papeles de colores, glasé, corcho. ¿Qué es el papel corcho? ¿Para qué sirve? Basta de pavadas que no nos llevan a nada y no producen. Es tiempo -como bien dice nuestro amado líder- de que el argentino deje de vivir más allá de sus posibilidades. En algún momento de la historia pensamos que la Argentina estaba ubicada entre Italia y Francia y que merecíamos otra calidad de vida mejor. No, señores, somos sudacas, latinos, tercermundistas y pobres, y debemos vivir como tales hasta que algún milagro nos rescate. Como bien dice Mauricio, “la realidad es cruel pero aplicable”, expresó el funcionario en un dejo de ira y con las fauces resoplando de a ratos como si fuera Horacio Pagani.

Reciclado a morir
En una polémica puesta a punto, desde la Rosada quieren alentar el reciclado para confeccionar las mal llamadas listitas de jardín. “No hay nada que le arruine más el colesterol a las amas de casa argentinas, que deberían quedarse en los hogares como Dios manda y dejar de andar deambulando en el mercado laboral, sacándole el trabajo legítimo a los hombres de bien, como si se trataran de extranjeras que llegan a matar el hambre, que las listitas escolares”, expresó sin pelos en la lengua, pero sí muchos en la oreja, el avezado funcionario mientras se armaba un cigarrito. “¿Sabés la cantidad de cosas útiles que se pueden conseguir en un tacho de basura? Los argentinos no sabemos reciclar, tiramos todo y no pensamos qué puede servir. ¿Sabés las manualidades que se pueden armar con los corchos de vino?, ¿las obras maravillosas que se pueden confeccionar con las botellas descartables? Además, si querés, hacés un poco de ecología y salvás a los pingüinos”. Y de golpe, comenzó a reír: “Pará, pará, jajajaja, a los pingüinos no, a esos que los metan presos”, dijo llorando de la risa.

Ser prácticos
Y continuó: “¿Quién no tiene en el barrio a un nuevo desocupado que se la pasa pidiendo monedas para chuparse un vino a las 10 de la mañana? Bueno, el papel con el que están confeccionadas las cajitas de tetrabrik, tranquilamente pueden ser usados en el jardín de infantes para que los chicos hagan esas boludeces que les regalan a los padres, quienes deben de poner caras de encantados y después tirar todo a la mierda. Está científicamente comprobado que de diez cosas que los chicos dicen, nueve son boludeces, y si les prestamos mucha atención a sus opiniones, terminamos poniéndonos a la altura de ellos y tenemos un país de salames”, agregó en un tono polémico. “En fin, señoritas maestras, preocúpense más en cuánto y cuándo van a cobrar, que en andar pidiendo tantas huevadas que no conducen a nada y no ayudan a construir este maravilloso país soñado por los Roca, allá en los ochocientos”, concluyó mientras se ahogaba con el porrito recién armado.