Nuevo aterrizaje de la sonda Hayabusa2 en el asteroide Ryugu


La sonda japonesa Hayabusa2 aterrizó el jueves en un asteroide lejano, dijo la agencia espacial del país, en una misión para recolectar muestras que podrían arrojar luz sobre la historia del sistema solar. "La sala de control recibió datos Doppler que muestran que la sonda parece haber tocado con éxito", dijo a AFP el portavoz de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón, Takayuki Tomobe.
"Pero Doppler solo muestra la velocidad y la altitud, por lo que necesitaremos una confirmación definitiva", agregó. Lecturas de datos adicionales se esperan más tarde.

La segunda
De confirmarse los datos, Hayabusa2 habría llegado por segunda vez a la superficie del asteroide Ryugu, que está ahora a unos 245 millones de kilómetros de la Tierra y en cuyas cercanías se encuentra desde febrero pasado. La sonda ya ha tomado previamente una serie de muestras de la superficie del asteroide, pero ésta es la primera vez que intenta recoger restos subterráneos, no afectados por la radiación y otros factores, que aparecieron cuando la sonda lanzó un proyectil metálico al asteroide para crear un cráter, en abril pasado.

El viaje
La sonda fue lanzada en diciembre de 2014 y para llegar al asteroide ha recorrido una trayectoria orbital alrededor del Sol de unos 3.200 millones de kilómetros. Este segundo aterrizaje era la mayor operación que le quedaba por completar a Hayabusa2 antes de que regrese a Tierra, a finales del año próximo.

Importancia
¿Por qué este nuevo aterrizaje es tan importante si ya ha tomado muestras antes? La razón es que estas muestras proceden del interior del asteroide. En abril, la sonda disparó su Small Carry-On Impactor o SCI, un proyectil de cobre de 2,5 kilos que impactó sobre el asteroide a 1,9km por segundo. El proyectil es similar a los que se utilizan en la munición militar antitanque y su objetivo era precisamente perforar un cráter en el que los materiales del subsuelo de Ryugu queden expuestos. Acceder a estos materiales que no han recibido ningún tipo de radiación durante millones de años es crucial para estudiar la formación del Sistema Solar. Eso por no mencionar que quizá nos den una sorpresa en forma de partículas orgánicas o incluso (sigue siendo una posibilidad) con trazas de microorganismos.