Baradero, San Nicolás, el puerto de cabotaje y el Bar de Borges


Existe una similitud entre el puerto de Cabotaje de San Nicolás y Baradero, digna de mencionar. El Galpón principal es prácticamente idéntico, así como la zona de adoquines. La diferencia es el uso y el tratamiento que se hace de estos espacios y su presentación para el turismo, que en la cercana ciudad vale destacar.

Por lo general se habla de las semejanzas entre San Pedro y San Nicolás. Desde estas tierras se suele decir que San Pedro es la San Nicolás que era antes de Somisa. Ciudades “viejas”, con puerto y río, con mucha historia y una prosapia que exhiben orgullosas. No es tan frecuente comparar esa “San Nicolás que era” con Baradero. Sin embargo existen en su esencia cuestiones muy similares. Si visita Baradero basta con ingresar por su calle principal -San Martín- y seguirla hasta el bajo. Superada la plaza principal, se comienza a descender por una calle adoquinada y sinuosa que empieza a mostrarnos edificaciones muy pintorescas, en muchas de las cuales se desarrollan bares, restaurantes y posadas. Ahí se empieza a notar la diferencia. Baradero se piensa y trabaja para el turismo. La calle termina en el puerto de cabotaje, que ostenta un galpón idéntico al nicoleño solo que pintado de amarillo, con murales y una estética que invita a disfrutarlo. Es un espacio público en el que se reúnen los jóvenes, y practican sus batucadas, talleres de plástica, teatro y otras actividades.

La población más vieja del interior bonaerense
Si buscamos algunos datos de su historia podemos leer: “Por todos los documentos hallados se testimonia que Santiago del Varadero – su nombre real- fue fundado en el año de 1615, bajo la advocación de Santiago Apóstol, por ello se ha consagrado como día de su fundación el 25 de julio, aunque no haya documentos que lo certifiquen. En todos los testimonios documentales se cita a la reducción como pueblo, con el nombre de Santiago y el militante de Varadero, Baradero y también "Barradero", en pocos casos. Sin duda, tomó su nombre del hecho que en su río se "varaban las naves, sin peligro de avería", debido a su lecho barroso; tal cual lo dicen las crónicas españolas. Los documentos de la época indican que fue fundada en el año de 1615, por la voz y orden de Hernando Arias de Saavedra, el primer gobernador criollo, aunque por documentos recientes se cree que la fundación puede ser muy anterior, bajo el mando del mismo Hernando Arias de Saavedra. Su origen fue una reducción de indios, reunidos para establecer una Encomienda Real a cargo de Padres franciscanos”.
Nativos aseguran que “Para que los originarios poseyeran sus propias tierras, el gobernador Hernandarias, les asignó una legua de campo con frente al río, que se podía medir desde la conjunción del Río Arrecifes con el Paraná (así le decían al Río Baradero, brazo del mismo) hasta contar 6.000 varas sobre su costa. Desde allí, medir otras leguas de fondo, pero descontando los bañados, hasta dar con las tierras que se le concedieron al encomendero Don Gaspar de Godoy, provistas por el propio Hernandarias desde los primeros días de la fundación de esta Encomienda Real”.
En la actualidad Baradero ha recuperado y jerarquizado una zona de la Barranca que fue el cementerio aborigen. Allí se destacan unos murales en los que se cuenta la historia de los originales y que bien vale la pena conocer.

El Bar de Borges
Ayer, por primera vez Baradero realizó una Feria del libro. Había alegría entre los escritores locales, las escuelas y las diferentes instituciones culturales. Por la noche se realizó un Café Literario en el bar denominado “El Portuario” ubicado precisamente frente al puerto de cabotaje, puesto en “valor turístico” hace unos años. Dicen, aseguran, y afirman los baraderenses que ese bar era frecuentado por Borges. Era un bar de puerto, de duros, de cuchilleros, de parroquianos de pocas pulgas, de armas tomar cuando se habían escanciado varias copas. Allí se contaban historias que habrían servido de inspiración o sustento a muchos de los relatos el gran escritor. Baradero está a una hora y minutos de San Nicolás. Constituye una escapada posible y muy interesante para quienes quieran disfrutar de una ciudad que en mucho se parece a esa San Nicolás que fue.

Borges en San Nicolás durante el noviembre sangriento de 1976
Llegó a nuestra ciudad el 25 de noviembre de 1976. Vino y se fue en un avión suministrado por Somisa. Fue recibido en el Despacho del Intendente Municipal y lo declararon huésped de honor “porque la presencia de tan destacada personalidad constituye un acontecimiento de excepcional trascendencia para la cultura nicoleña”. Sin embargo de aquel noviembre, trascendería otra cosa. Es noviembre de 1976. Todavía retumba en el espacio común de la ciudad, el medio millar de tiros que hace apenas unos días, durante la madrugada, convirtieron la casa de Juan B Justo 676 en una ruina y terminó con la vida de dos mujeres, un hombre y un niño, mientras que otros dos niños debieron ser llevados al hospital en grave estado. Retumba pero aquellos ecos, al principio escondidos detrás del humo de la pólvora, pronto serán silenciados por muchos años. Las crónicas periodísticas de entonces, severamente condicionadas titulaban “Fuerzas de seguridad abatieron ayer a cuatro extremistas en nuestra ciudad” y en la bajada sentencian “dos suboficiales pertenecientes a la Policía Federal perdieron la vida”. En la crónica se describe “El lugar presentaba los signos evidentes de un prolongado enfrentamiento armado con disparos nutridos en el frente del edificio en la puerta de acceso y las persianas como asimismo en el interior donde era prácticamente imposible observar un metro de pared que no presentara tremendos impactos de bala”. No habrá en los días subsiguientes más crónicas periodísticas al respecto, salvo por el “agradecimiento del Jefe de la Policía Federal “por las múltiples muestras de pesar hechas llegar por autoridades civiles, militares y eclesiásticas, como así también instituciones y pueblo en general con motivo de la pérdida de sus dos abnegados servidores el sargento Vicente Testa y el Cabo Carlos Alberto Loyola que fueran inmolados por delincuentes apátridas en un enfrentamiento armado”.

Trágico
Y agrega aquella crónica “Esto es una cabal demostración de que el pueblo está junto a las fuerzas de seguridad en esta lucha que sin dar ni pedir tregua están sosteniendo con los elementos que han hecho un escarnio total de los más elementales principios de sana convivencia”. Así se escribía por entonces. No aparecen los nombres de las víctimas adultas ni de los niños. Sólo uno de los tres niños se salvará, el más pequeño, perderá su identidad por muchos años, hasta poder recuperarla, hoy es Manuel Gonçalves. Eso ocurría en la San Nicolás de noviembre del 76, apenas habían transcurrido cinco días desde aquel sangriento hecho, que ya públicamente se había silenciado, cuando llegó a nuestra ciudad invitado por la Asociación Cultural Rumbo, Jorge Luis Borges. Seguramente ya había estado antes, cuando era joven, es muy probable que haya caminado nuestras calles céntricas, tal vez escribió algunas líneas en algún café sin que nadie se percatara de su presencia. Porque Borges solía frecuentar de joven una estancia ubicada en Sánchez, pero por entonces no era conocido. En aquel noviembre del 76 ya era famoso.
Las crónicas sostenían “la venida de Borges ocurre en la plenitud de su justa fama, cuando su nombre respetado y prestigiado más allá de los límites del idioma y del país y que su influencia ha jerarquizado a nuestra literatura”. Su postulación para el Premio Novel era recurrente. Nunca lo obtuvo. El Jueves 25 de noviembre a las 19.30, Borges disertó sobre “Borges narrador y poeta, visto por Borges”.

Colaboraciones
Somisa se encargó de “los medios necesarios para su traslado desde la Capital Federal por vía aérea y su regreso por el mismo medio” mientras que el alojamiento de Borges y su acompañante fue otorgado por Emilio Gaiad. El escritor fue recibido minutos antes del mediodía en el despacho del Intendente Municipal por el Secretario de Gobierno Mayor Carreras Zavalía, el director de Cultura profesor Duilio Cámpora, integrantes de la mesa directiva de Rumbo, escritores y otras autoridades del ámbito cultural y educativo. En aquel acto se le entregaron “las llaves de la ciudad” y fue declarado Huésped de Honor por decreto 1527 del 23 de noviembre de 1976. En la crónica periodística aquel momento se resuelve así : “Luego de un breve momento de comentarios, intercambios de opiniones y conversaciones circunstanciales la comitiva oficial, autoridades e invitados especiales fueron agasajados con un refrigerio que fuera servido en dependencias del Palacio Municipal”. En horas de la tarde se realizó la conferencia. No hay muchos más datos sobre esta visita, ni el contenido de la disertación. Borges estuvo durante aquel noviembre, recibió las llaves de la ciudad y se refirió a su obra. Cuando llegó, lo ocurrido en calle Juan B Justo ya no aparecía en los diarios, se diluía lentamente en los últimos comentarios de los vecinos, emitidos en leves susurros, por las dudas. Trascendencias En el decreto que lo declara huésped de honor, el entonces Intendente Huergo escribe “que la presencia de tan destacada personalidad constituye un acontecimiento de excepcional trascendencia para la cultura nicoleña”. Tal vez él quería que de ese noviembre trascendiera eso. La presencia de Borges en San Nicolás. Sin embargo, si algo tiene la historia, es que no puede escribirse en el presente. Uno imagina que tal o cual cuestión “va a pasar a la historia”, “va a trascender” pero se nos escapan las cuestiones que la coyunturalidad no nos deja ver. O aquello que no queremos ver, o no podemos, o nos ocultan.
De aquel noviembre, lo trascendente no iba a ser la presencia de Borges en nuestra ciudad, hoy recordada . La trascendencia de ese noviembre emergerá muchos años después de aquel hecho titulado “Fuerzas de seguridad abatieron ayer a cuatro extremistas en nuestra ciudad”, y luego rápidamente olvidado por el periodismo, hoy conocido como la matanza de calle Juan B. Justo. Y es tal que el 19 de noviembre, de 1976 en que “las fuerzas de seguridad…” prácticamente bombardearon aquella vivienda con dos mujeres, un hombre y tres niños, ha sido instituido en nuestra ciudad como “Día de la Memoria nicoleña”.


FOTO. Bar “El Portuario”, según los baraderenses, era frecuentado por Jorge Luis Borges