En el boulevard de los sueños rotos 


¿Cómo suena un sueño roto?, ¿qué sonido emite al estallar en miles de pedazos? Debe comenzar como un desgarro, como una piel deshilachándose, despellejada de dolor, una letanía similar a un sollozo que luego en un último corte exhala un grito quedado, de tristeza. En el boulevard de los sueños rotos las cortinas bajan para nunca más subir, y con ellas, baja el proyecto de una vida, dejando gotas de sangre por un esfuerzo en vano.



Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

El reloj de pared golpea en cada paso del segundero, es el único sonido que se emite en la habitación vacía de pilchas colgadas hace tiempo y que nadie parece querer. La mujer se acomoda como puede en el mostrador y al borde de la angustia otea la vereda tratando de adivinar qué habrá en la mente de cada uno de los que pasa y relojea la mercadería. Hace cinco horas que está abierto y nadie entró ni siquiera para preguntar un precio ni nada por el estilo. Cinco horas perdidas de un contador de dinero que sigue retrocediendo, porque la luz está cara, el alquiler está caro, los impuestos inviables, y si nada suma, la cuenta da para atrás.
La inauguración fue sencilla, pero si supieran la pasión que había en ese acto de abrir el propio negocio, verían que lo que faltaba en parafernalia, sobraba en amor.Fue un deseo de toda la vida, no depender más de patrones y arrancar el emprendimiento propio. Con su novia fueron ahorrando durante años, peso por peso, en un país donde la inflación se come las reservas y las certezas de los costos varían mes a mes. Se hacía difícil. Pero embalados por las frases de Facebook que invitan a creer en los sueños y que no hay meta que no se proponga con ahínco y pasión que no se pueda lograr, es que nunca desistieron.Compraron la franquicia de una importante marca de indumentaria de Buenos Aires y fueron montando un proyecto que poco a poco tomaba forma. Él renunció a su trabajo, a pesar de que sus amigos le decían que era una locura. “Locura es no creer en mis sueños” les gritaba casi como un boludo de la tele. Ella dejó de lado sus estudios, porque los sueños se construyen a partir de sacrificios, y a pesar de que les decían que no era el momento de hacer algo así, lo tomaban como palos en la rueda que había que sortear. Ellos le creían al Presidente cuando decía que venían años felices. “Si estás seguro de tus metas, da todo por ellas”, repetía como lorito en sus estados de WhatsApp.

Aire o no aire
¿Saben lo que vale el alquiler de un local en el centro? ¿Lo que hay que vender para poder pagarlo?La disyuntiva del aire acondicionado marcaba un eje de inflexión. La electricidad se había ido a la mierda, las boletas eran una tortura y el degenerado del presidente, que por suerte ya se va, lejos de aliviarla tiró una bomba de más aumentos. Pero el local es cerrado, y si no se prende el aire, el calor se vuelve sofocante. Ahora, el aire debe ser para los clientes, y si en todo el día solo entraron dos, ¿de qué sirve ese gasto? Aunque también, si se mantiene apagado, aquel que quiera pasar a chusmear la ropa, se va a ir rápido porque el tufo se vuelve inaguantable. Aire prendido o puertas abiertas de par en par. Finalmente, el debate lo ganó un viejo ventilador industrial de grandes paletas que sonaba como una turbina de avión a punto de despegar y que desparramaba viento por todos lados. “Una gronchada”, le dijo una amiga; “andá a cagar”, le contestó.

Números
La discusión fue por los números, como era de imaginar. La mercadería había llegado con un aumento terrible y había que remarcar todo. Ahora, si con esos precios no le vendían nada a nadie, imaginate con el aumento. Tampoco se podía vender al costo, porque son tantas la cosas a pagar, sumadas al crédito pedido para arrancar, que la remarcación había que hacerla sí o sí. Es cierto que estaba nervioso. Él la quiere muchísimo. Pero se sacó, la situación lo sacó y la puteó por engancharlo en el proyecto, en hacerlo renunciar al trabajo (aunque eso lo decidió solito), le enchastró meterle sueños en un país que es famoso por devorarlos y le tiró en cara sus propias faltas. Todo una cagada.

Desgarrado
Las señoras habían entrado de a cuatro y recorrían toda la tienda preguntando por piezas, sacando remeras y acercándolas al mostrador. En ese momento ella estaba atendiendo y se había entusiasmado. Tras un largo rato de dar vueltas y observar, todas las mujeres dicharacheras se fueron en patota, sin comprar nada. Ella quedó desmoralizada acomodando una por una todas las prendas. Estaba distraída pensando en cómo iba a pagar los impuestos cuando notó algo distinto en uno de los mostradores que ella había visto miles de veces en su aburrimiento. Comprobó, buscó, se desesperó hasta advertir que le faltaba ropa, y con un frío que le horadó los huesos se dio cuenta de que las señoras eran mecheras y le habían robado vestimentas. Enloquecida salió a la calle gritando por la policía buscando al grupito que ya se había esfumado.No hay peor sensación, nada que pegue más en la nuca y quite horas al sueño, que sentirse un boludo.Las boletas impagas marcaron el cierre del negocio, el quiebre de la pareja y la muerte de los sueños. Un nuevo cadáver de local en alquiler se suma a todos los otros que sangran por Nación y Mitre, las muy bellas cuadras remodeladas.