El creador diabólico de las fake news 


Recostado en su sillón trono, excitado con sembrar el miedo y la incertidumbre, lanza carcajadas feroces cuando ve el resultado de sus maquiavélicas mentiras repetirse como un cáncer por la web, generando confusión y desinformación. Su cuerpo se convulsiona cuando crea un audio absurdo o repite información falsa, más aún en esta época, donde la susceptibilidad de las personas es una vena abierta lista para ser quemada.



Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Rata vil de alcantarilla, rey fundamentalista en el submundo de los oscuros pensamientos, con rencores antiguos en el subconsciente que ve en la creación divina el objeto de su odio. Juega a burlarse de los humanos golpeando entre los más incrédulos, porque el malvado sabe, que la gente sabe, que lo desconocido aterra, que la incertidumbre es un veneno ponzoñoso que crece hasta devorarlo todo.
Cuando arrancó el pandemónium, cuando las dudas se volvían certezas, el malvado ser, que sumergido en las redes sabía cómo manejarlas y desorientarlas, hizo circular un audio que se antojaba amistoso, pero guardaba mierda disfrazada de un aviso. Con voz alarmada y preocupada avisaba que su hermana trabajaba en la clínica y que ya habían desalojado una sala entera porque allí había un matrimonio infectado de coronavirus, y que esa gente había estado en una fiesta, y que las autoridades estaban tapando todo porque sabían que ya no había forma de detener el contagio, que se mentían las cifras para no alarmar a la comunidad, pero que ni por asomo vayan a la clínica porque encontrarán una muerte segura.Y así el villano lo desparramó por las redes, lo hizo circular en Instagram, Whatassap y Facebook sabiendo que se multiplicaría más rápido que la pandemia. Entonces, en cuestión de minutos el famoso audio recorría los celulares volviendo más paranoicos a los tiernos corderitos que ya de por sí aseguraban la noticia y hasta algunos decían conocer al autor de la misma. Un hijo de puta manipulador, ni más ni menos.
Por supuesto las autoridades salían a negar, pero el daño estaba hecho y la duda instalada. Nos mienten, imbéciles, nos mienten. Entonces, avanzado el tiempo, disfrazando voces siguió martillando la web con falsas noticias que confundían, chocaban, y como lava de un volcán que acaba de erupcionar en plena plaza Mitre, se desperdigaba en las mentes débiles que no querían ni asomarse a la puerta.

Cazadores
Los audios hablaban de muertos que se tapaban, adelantaban fechas del fin de la cuarentena, confundían continuamente a una sociedad presta a consumir sus terrores. Y él, en el fondo de su silla reía viendo cómo sus perversos juegos se desparramaban en la ciudad de las lenguas largas. Se sentía amo y señor, descubría que ese salame al que miraban como un fenómeno de circo ahora los paranoiqueaba sin que sepan de dónde venían los golpes.Pero lo que no sabía es que desde la primera noticia falsa alguien lo seguía. Uno más bicho que él con las computadoras había rastreado el origen de las falsas noticias, alguien que cazaba a monstruos y se metía en su propia guarida. Cuando golpearon la puerta de su casa se sorprendió. Al instante un sujeto de gafas oscuras le escupió en la cara todo lo que había hecho, le largó una lista larga de toda la mierda que desperdigó en las mentes de los pobres nicoleños con sus mentiras programadas, pero, viendo que era una persona de talentos cuestionables, le dio un lugar en su oficina. La bestia había sido domada y ahora se había vuelto un vil troll al servicio de un imperio que jugaba con verdades propias al mejor postor.