Cuando te preguntan cómo andás


La cuarentena sigue y sigue por más que la economía se caiga a pedazos, pero ya estamos en el baile y bailamos, aunque lo hacemos como los ghaneses que llevan el ataúd. Tan triste la calle llena de barbijos y angustia, de encierros e incertidumbre, que cuando preguntan cómo andamos nos agarra una crisis existencial.


Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Que el dólar está a cien, que está a ciento veinte, que está a mil; que no sabemos lavarnos las manos; que estamos errando lo que cantamos cuando lo hacemos; que la economía se desmorona; que Alberto adoptame, que Alberto andate; cómo usar un barbijo, cómo ponérselo correctamente, colgado de las orejas que parecen dos parlantes después de un día entero; que tenés que tener un permiso autorizado por el Gobierno para andar por la calle, que para poder sacarlo tenés que ser un genio de la informática o tener un culo bárbaro; que hay una lista de precios cuidados, que a la lista no le da bola nadie; que ir a sacar plata a un cajero es regalarse un par de horas en la calle expuesto a la mirada inquisidora de transeúntes que ven al otro como un enemigo, un foco infeccioso; o a policías que en ocasiones se ceban de su trabajo y en otras se notan hartos de tener que explicarle a la gente cómo hacer una cola, que deben guardar distancias, que usen barbijos o no lo entienden; que si no te echan, te bajan el sueldo; que ya no hay rostros, que las personas son cuerpos con máscaras; que salir a divertirse es un pecado; que no vamos a tener un bar o un restaurante por mucho tiempo y mucho menos un boliche; que ni siquiera tenemos escuelas; que no hay juicios en los tribunales; no hay un odontólogo que te calme esa puta muela; no hay un traumatólogo que te saque ese estrés que te revienta la columna; no hay un peluquero que te acomode esa selva que ya no sabés para qué lado llevar; no hay una tienda en la que te puedas comprar un mísero suéter, ya que el otoño parece que pasó de largo y se vino el invierno; que si te cuidás del coronavirus, te agarra el dengue, que haciéndose el boludo hace estragos.

Y sigue
Que si querés comprar algo, tenés que hacerlo por encargue y te pueden traer cualquier cosa; que de qué te sirve una camisa por catálogo si después te queda grande o te queda chica seguramente; que te estás poniendo como un chancho y que hacer deportes en la casa es una utopía que te puede durar dos días con todo el envión; que después de tanta tele ya no te entusiasma ninguna serie y las películas ya te las viste todas; que si tenés pibes, están infumables; que si hacés clases a distancia, no entendés un pomo y de tanto no hacer nada querés hacer menos; que si estás solo, extrañás a las minas, y si estás en pareja, no la aguantás más; que el tiempo va en cuentagotas; que ver televisión es deprimirse; que ya escuchaste a quichicientos científicos explicando con palabras más o menos parecidas de qué se trata el coronavirus y te querés tomar una birra cuando escuchás el nombre de la pandemia; y ya te cansaste de los challenges por Instagram; que no te prendiste nunca al tik tok y que te creés adicto a ese celular que ya no sabés cómo carajo vas a hacer para pagarlo, porque nada es claro en nada. Si salís a comprar cualquier cosa, lo hacés cagado de que te pare la policía y no sepas responder, y te comas una de esas multas millonarias que le están metiendo a los que se hacen los boludos, pero sabés que en algunos barrios marginales siguen andando sin barbijos y como se les canta, porque no los cuidaban antes menos los van a cuidar ahora. Y qué podrido te tiene la cuarentena y el desastre económico que trae aparejado, y que, evidentemente, no tienen idea de cómo van a solucionar. Y sí, sacando todo eso... ando bien.


FOTO: Ya que estamos en el baile, bailamos...