La cuarentena y nuestra caverna del día después


¿Qué hay en la luz? El sol pega, deslumbra, confunde al salir de la caverna, pero también nos revela verdades. Esta pandemia nos cuenta de otro mundo distinto del que nos contaban las sombras. Hoy la cuarentena desnuda a los que aprovecharon la desgracia para ganar más guita y a los que, ante el apocalipsis, se la jugaron para ayudar, los que se escondieron en su dinero y los que ofrecen su vida por el bien común.


Parece lejos, parece improbable, un mes que fue un año y dos meses que se antojan décadas. Porque no es solo el encierro y el aburrimiento, es la plata que no alcanza, son los pequeños emprendimientos muriendo, son las pymes desgarradas de no poder pagar sueldos, de tener que echar gente, y peor aún, es ese miedo a un virus invisible que sacudió el mundo hasta los cimientos, y que de estar encerrados viendo tantas series y películas –los que tuvieron la suerte de poder hacerlo– confunden la realidad de lo ficticio, aunque lo que se vive ahora parece el argumento de una mala película de Nicolas Cage y Pablito Rago.

Caverna
En la alegoría de la caverna, Platón cuenta la historia de un grupo de personas que estaban encadenados en una cueva, de espaldas a la entrada y solo pudiendo ver las sombras de quienes transitaban por fuera, una historia medio boluda pero muy flashera que quiere significar la filosofía. La cuestión es que de tanto mirar sombras los tipos ya eran expertos en adivinar lo que eran las figuras que pasaban por detrás. En el relato uno de los pibes logró zafar, salir de la caverna, dejarse encandilar por el sol que lo lastimaba y ahí vio que lo que imaginaban dentro de esas rocas húmedas y oscuras era una pelotudez, que nada que ver. Y pensando en sus amigos decidió volver a contarles. Obviamente no le creyeron, y lo cagaron a palos.Cuando esta mierda pase vamos a vernos como en un libro que nos va escupir las verdades que sospechábamos pero hoy confirmamos. La pandemia nos va a dejar a la vista a esos que, aprovechando el desastre, la desesperación y el miedo, sabiéndose de los pocos afortunados que podían seguir desarrollando sus actividades, aumentaban los precios tratando de hacer una diferencia con el dolor, y agarrados con el tema ese de que crisis en japonés significa ‘oportunidad’ (cosa que nunca supe si es cierta y me da fiaca googlearlo), se cagan en la solidaridad. Esos que siendo los únicos almacenes de proximidad y tener un público cautivo le sacuden a la pistola remarcadora y lastiman bolsillos que ya sufren descuentos, y en gran parte despidos y que de a miles se anotan para poder conseguir alguna limosna del Gobierno. O los que también quieren hacerse sus grandes negociados vendiendo y comprando con sobreprecios para ganarse un vuelto. Cuando todo esto pase, acordémonos de ellos.

Vos también
Pero también tenemos que acordarnos de ese que te vio caer y te dio una mano, el que a los viejitos vecinos les hacía los mandados, que prefirió perder en esta calamidad y dio lo que tenía por el otro. De los médicos que a las 21 horas aplaudimos porque se exponen y se enferman, que no se quedan en casa y que tienen que lidiar con muertes inevitables, que se desesperan ante la falta de recursos y en su mayoría lo hacen por muy poca guita y para colmo se tienen que aguantar que algunos boludos los rechacen y les pidan que se vayan. Entonces, cuando esto pase que se equilibre un poco la balanza, cuando el apocalipsis empiece a menguar veamos qué equilibrio nos dejó el mundo y cómo podemos seguir a partir de ahora.
¿Es el capitalismo salvaje la mejor forma de vivir? ¿Está bien la acumulación de riquezas? ¿Es correcto que unos tengan tanto y otros no puedan ni comer solo porque unos nacieron con suerte y los otros no? De hecho, ¿no llegamos todos desnudos al mismo mundo? ¿Por qué al nacer unos ya son dueños de todo y otros de nada?Lo que fueAcordémonos de que pedimos a gritos que nos quedemos en casa, y algunos lo hacían porque podían y a los otros, a los más pobres, a los desechados del sistema, también les exigimos que lo hagan cuando nunca les dimos nada. ¿Con qué moral nos podemos ofender?Este fue el año en que la tierra se paralizó, donde los peores panoramas se conjugaron. No sabemos cómo vamos a salir, seguramente con un desastre económico del que nos va a costar levantarnos. Lo más lindo sería decir que de esta salimos entre todos y una marmoteada de frases hechas que se repiten de forma grandilocuente desde las coloridas pantallas, pero después se sumergen en la ley del sálvese quien pueda.Esto nos va a dejar lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros, nos desnuda como personas, seremos solidarios ayudando al otro o los echaremos a la mierda de nuestra empresa millonaria para seguir ganando.El día después de mañana nos tiene que despertar con otros ojos, como en la alegoría de la caverna, con verdades propias que deben significarnos algo, que todo este pesar nos regale una moraleja... por lo menos.