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San Nicolás de los Arroyos
viernes, 3 diciembre, 2021

Edición N° 3886

SOMOS CIUDAD PORQUE TENÍAMOS Y TENEMOS AGUANTE

UN TÍTULO BIEN GANADO Y SIN IR AL VAR

En 1819 éramos un pueblo que aspiraba a mucho, que se había aguantado todas las invasiones y vivido las batallas más épicas, dando guerreros para la independencia. Por eso, cuando el Congreso declaró a San Nicolás ciudad por los méritos logrados, se hacía justicia. Ciudad de calles angostas y de cara al rio, donde cada ciudadano sabía de aguantar los trapos y le hacía frente al enemigo, venga de donde venga.



Germán Rodríguez
diarioelnorte@diarioelnorte.com.ar

Dale, no jodan, lo merecíamos. Ponele que había unos 15.000 habitantes más o menos, un poco dibujado, pero las pasamos todas, de hecho la historia del país se forjó en esta ciudad y nos tuvimos que bancar lo peor de lo peor por quedar en el lugar de paso. Así que cuando el Pbro. Dr. Antonio Sáenz, diputado por Buenos Aires en el Congreso General Constituyente (una  picardía que tenga una calle que pocos conocen en zona sur) declaró ciudad al pueblo de San Nicolás de los Arroyos se hacía justicia.

La declaración de ciudad el 23 de noviembre de 1819 fue un reconocimiento a la gran cantidad de hechos históricos que habían ocurrido en San Nicolás. San Nicolás en realidad no pidió ser declarada ciudad sino que fue una decisión que tomaron los diputados del Congreso de Tucumán que redactaron el decreto.

En ese momento el pueblo devenido en ciudad, que tenía que empezar a planear puestos estatales, no era muy grande que digamos. Con muchos cereales que ya en un principio don Rafael de Aguiar, haciéndole caso a su señora Doña Paulina Ugarte y especialmente a su suegro, que era el que tenía la tarasca, se dedicaban a juntarlos y ganarse el mango, aprovechando también la bajada de Belgrano, que nada que ver con lo que es ahora con escalera y puente, sino un pasaje de vacas que tenían el arroyito ahí nomás. Ojo que no era fácil esa época, sino aparecían los realistas enojados buscando guita comida y minas, era el yaguaron que salía del rio y se morfaba a alguno que estuviera boludeando con la cañita.



Para tener una idea, en esa época San Nicolás llegaba desde el rio hasta las vías del ferrocarril actual y los boulevares. La gente se movilizaba en carretas o caballos, se hizo un muelle, que se conocía como Muelle de Aguiar (ya la empezaron a colgar a Paulina en los títulos los machirulos), que estaba ubicado donde estaría hoy el Cabotaje, y al que llegaban barcos de Buenos Aires, Paraguay y Europa, porque había muy buen calado en el río.

La que venga

En todo, el pueblo estaba bastante organizadito, con calles, que a decir verdad las habían hecho muy estrechas, con poca vereda sin calcular el caos de tránsito que se venía después, ni que no habría lugar para estacionar, pero que como con los caballos y los carros se manejaban, estaba ese precepto de que “A las generaciones venideras, que llenaran y conformaran el gran pueblo nicoleño, que se jodan”

Como decíamos todo tranquilo, pero cuando se pudrió la momia, la ligamos y en cierto momento ya no éramos súbditos sino rebeldes, aunque en realidad en un principio el asunto se vendió como que le hacíamos el aguante al rey por la invasión de Napoleón a Francia, y cuando todo volvió al normalidad ya estábamos de conga independientes, espetándole a su majestad: “Pasaron cosas”



Entonces nos fumamos a los soldados del King asolando nuestras playas y como si fuera poco el histórico primer combate naval argentino, fue ahí nomás, a la vista de todos, que daba para aprovechar, poner una reposera y sacar fotos con el celular posteando, #terebancoazopardo aunque fue una terrible derrota y el marino que defendió nuestra enseña terminó en cana y embarcado al viejo continente.

No hay que olvidar tampoco que ya el gran Manuel Belgrano, que ahora tiene una plaza muy copada por Moreno, había pasado por San Nicolás y así como quién no quiere la cosa pidió soldados para pelear en el norte y como acá no somos ningunos cobardes y no le tenemos miedo a esos españoles vestidos tan caretas, le metimos 150 soldados que fueron bien cojudos a agarrarse a trompadas por la patria y la camiseta de la selección.

Así que mínimo el 23 de noviembre, con las cosas un poco más calmadas porque después se venía todo el bardo de las guerras civiles entre unitarios y federales y todo el entrevero patrio, nos merecíamos un reconocimiento que vino con el nombramiento de ciudad.



Y tan grosos éramos que hasta por ahí nos propusieron de Capital y más adelante se juntaron los gobernadores a formar el acuerdo que quedó patentado como Acuerdo de San Nicolás, donde Urquiza bancó la parada y se ganó una calle céntrica, aunque como después perdió la guerra, ese acuerdo quedó en la nada, pero sirvió de precedente para la constitución (las malas lenguas dicen que hicieron una fotocopia de la constitución norteamericana, pero ya vieron que la gente es mala y comenta).

Hoy podemos decir que tenemos una ciudad más que linda, de cara al rio, a la que abandonamos por mucho tiempo y ahora la vemos con ganas de seguir trascendiendo.

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