UN MUNDO DE EMOCIONES HECHAS EN CERÁMICA

CREAR DESDE LA PASIÓN

Lorena Raigal y Natalia Di Rico descubrieron en la producción de cerámica el camino para exteriorizar un mundo interior y materializar estados de ánimo. Crearon Serendipia, donde moldean con sus manos historias sobre aquello que inmaterialmente le pasa a las personas.

CADA PIEZA ELABORADA EN EL TALLER DE SERENDIPIA TIENE SU PROPIA RAZÓN DE SER.

De la redacción de EL NORTE
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Para quienes puedan estar sintiendo que -tras haber desandado cierto recorrido- el destino de nuestras vidas ya se ha revelado de manera absoluta trazando un camino recto, sin giros, aquí va la historia de dos mujeres que han descubierto senderos que no conducen a la felicidad plena como destino ideal sino que ese estado de bienestar con uno mismo y con el mundo que nos rodea se manifiesta en el andar diario, en cada paso que se da en esa nueva vía que ilumina nuestro viaje.

Natalia Di Rico y Lorena Raigal se definen como “amigas inseparables, inquietas y amantes de todo lo que se exprese como arte”. Una tarde de enero 2020, pocos días antes que la pandemia empezara a configurar nuevas normalidades en las vidas de cada uno de nosotros, Natalia y Lorena decidieron empezar a pintar piezas de cerámica ya elaboradas casi como un pasatiempo. “Sentíamos la necesidad de hacer algo diferente. Pintar cerámica nos gustaba pero nunca imaginamos que detrás de eso había un mundo de emociones que en este año y medio ha transformado nuestras vidas”, cuenta Natalia, mamá joven de un hijo hoy adolescente.

Tras ampliar saberes y perfeccionar técnicas, Lorena y Natalia crearon Serendipia, un taller de arte cerámico en el que cada pieza elaborada tiene su propia personalidad y razón de ser. Precisamente, el nombre Serendipia está ligado a la propia esencia de este emprendimiento puesto que refiere a la circunstancia de encontrar por casualidad algo que no se buscaba.

“La cerámica se ha convertido en un modo de expresión de nuestros estados de ánimo. Canalizamos mucho de lo que nos pasa a través de todo el proceso de producción”, aseguran Lorena y Natalia.

“Todo empezó como una especie de cable a tierra. Pero pronto vino la pandemia y como que esos días de aislamiento y encierro nos abrieron un tiempo y un espacio para ir más allá. Fue entonces que comenzamos a producir nuestras propias piezas de cerámica. Teníamos materias primas pero también muchas ganas de aprender y experimentar. Al principio eran pajaritos, conejos, mariposas, esas cosas. Con el tiempo nos fuimos animando a mucho más”, explica Lorena, también mamá joven de un varón y una mujer. Lorena Raigal es docente de la tecnicatura de cerámica en la Escuela de Arte, y profesora de artes visuales. “El apoyo de nuestras familias es fundamental. Nuestras casas están invadidas por materias primas, piezas de cerámica, hornos, pinturas, se han convertido en un lío”, se ríen.

En modo pasión

Natalia y Lorena decidieron empezar a diseñar y producir moldes, cada uno con detalles que los diferencian conceptualmente. “Tratamos de elaborar productos distintos a los que se pueden encontrar en un comercio. Es un trabajo artesanal a partir del cual buscamos diferenciarnos”, explican.

La pasión que sienten estas mujeres por lo que hacen se deja ver y oír en cada gesto, en cada palabra. “Yo nunca antes había trabajado con cerámica. Pero tenía una necesidad muy grande de producir con las manos. Amasar la cerámica me llevó a descubrir un mundo de nuevas emociones. Se ha convertido en un modo de expresión de nuestros estados de ánimo. Canalizamos mucho de lo que nos pasa a lo largo de todo el proceso de producción”, asegura Natalia Di Rico.

La pasión que sienten estas mujeres por lo que hacen se deja ver y oír en cada gesto, en cada palabra.

“La cerámica nos ha ayudado a redescubrirnos. Hoy me reconozco como una persona diferente a la que era. Más romántica, más pasional. Afloraron cuestiones que antes tal vez reprimía y que ahora puedo exteriorizar desde la producción de cerámica”, explica Natalia, felicísima.

Lorena Raigal y Natralia Di Rico, creadoras de emociones.

“A partir del vínculo que entablamos con otras personas nos hemos encontrado con historias de gente que ama, que extraña, que siente vacíos, que cree, que espera. Todos esos estados se pueden transformar en piezas de cerámica. Hoy sentimos que somos capaces de reproducir esos estados de ánimos a través de la cerámica”, se entusiasma Lorena Raigal, sin poder ocultar expresiones de serena satisfacción.

Tiempo al tiempo

En el taller, Lorena y Natalia sienten que la ansiedad deja de ser una sensación real. “El largo proceso de producción de cerámica moldea nuestros propios tiempos. Cada etapa del proceso supone plazos que no se pueden alterar. Hay un tiempo para cocinar, otro para secado, también para el esmaltado. Son muchas horas en las que vas viendo como la materia prima se va transformando. Lo maravilloso es ir apasionándose durante todo ese proceso. Muchas veces no termino de entender cómo puede ser que encender el horno me cambie el ánimo, o que me genere lindas sensaciones saber que a la mañana siguiente voy a abrirlo”, sostiene Lorena.

Serendipia ofrece sus productos en redes, Instagram y Facebook. Y le agregan valor ofreciendo desayunos. “Todo el tiempo estamos pensando en crecer y ser mejores”.

Producen en el taller todos los sábados y domingos, desde las 10 de la mañana hasta bien entrada la noche. Los días de semana trabajan en la preparación de aquello que van a producir los fines de semana. Se las percibe muy apasionadas en lo que hacen. Soñadoras. Y con mucho mundo interior por sacar afuera. Tal vez ese sea el secreto más revelador que la cerámica moldeó en sus nuevas vidas.